Los cultivadores de la música sagrada, dedicándose con renovado impulso a un sector de tan vital importancia, contribuirán a la maduración de la vida espiritual del pueblo de Dios (San Juan Pablo II).


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martes, 6 de mayo de 2014

EL RITO DEL MATRIMONIO FUERA DE LA MISA Y LA MUSICA LITURGICA

A.   Ritos iniciales

 

1.    Procesión de entrada: dos alternativas:

 

a.    El sacerdote o diácono puede recibir y saludar a los novios en la entrada del templo. Acompañado del canto de entrada o del órgano u otro instrumento tocado de modo festivo (Cf. Ritual del Matrimonio 188), los ministros van hacia el presbiterio, seguidos de los novios quienes, según las costumbres locales, pueden (ser acompañados) por lo menos (por) los padres y dos testigos, hasta el lugar que tienen preparado (Ib.).

b.    El sacerdote o el diácono, con los demás ministros, van al lugar que les corresponde en el templo. Cuando los novios han llegado a su lugar en el recinto sagrado, son saludados afablemente por el sacerdote o diácono. (Cf. Ib 190-192).

·         El directorio litúrgico-musical “Canto y Música en la Celebración” (CMC) 188 recomienda un canto de entrada que cumpla su misión funcional en vez de las famosas y mal llamadas “marchas nupciales”[1]. También, como indica el mismo Ritual del Matrimonio (RM) 188, se puede recurrir a la música instrumental[2]. El RM presenta un cántico de entrada con par de musicalizaciones (RM 524-525).

 

2.    Saludo apostólico y e introducción a la celebración.

3.    Oración colecta.

 

B.   Liturgia de la Palabra

 

1.    Se proclaman tres lecturas. Una de ellas ha de hablar explícitamente del Matrimonio. La primera, como siempre, es tomada del Antiguo Testamento, salvo en tiempo Pascual, cuando es tomada del Apocalipsis. Después de la primera lectura viene el salmo responsorial, el cual podría cantarse.

2.    Después de las lecturas el ministro predica la homilía.

 

C.   Celebración del Matrimonio

 

1.    Escrutinio: El ministro interroga a los novios acerca de la libertad, la fidelidad y la aceptación y educación de la prole (RM 200).

2.    Consentimiento: Se trata de la parte central de la celebración del Matrimonio. Hay 4 fórmulas para que los novios expresen dicho consentimiento:

a.    Los novios se reciben mutuamente, expresándose el consentimiento uno al otro, primero el contrayente, luego la contrayente[3];

b.    Manera dialogada: ambos se preguntan (el uno al otro) si desean ser esposos entre sí; luego se expresan el consentimiento[4];

c.    Otra alternativa semejante a la primera.

d.    El ministro interroga a los novios, a lo cual responden en su momento: “sí, quiero”[5].

3.    Confirmación del consentimiento: el ministro recibe el consentimiento en nombre de la Iglesia con una de las fórmulas del RM, seguido de la aclamación de la asamblea (“Bendigamos al Señor”…”Demos gracias a Dios” u otra aclamación similar). Esta aclamación presenta varias musicalizaciones en el RM.

a.    El momento más significativo de la celebración de la boda es “la aclamación litúrgica que el Ritual ofrece” a continuación de haber manifestado el consentimiento. Es la ratificación gozosa de la asamblea. Esta aclamación puede ser un canto sencillo o un aleluya de toda la asamblea, iniciado por el solista.

4.    Bendición y entrega de los anillos: el ministro bendice los anillos. Los esposos se los entregan mutuamente diciendo las palabras del ritual.

5.    Bendición y entrega de las arras: Es opcional. El ministro bendice las arras, y los esposos se las entregan mutuamente diciendo las palabras del ritual.

a.    Después de la entrega de los anillos o de las arras (si ha habido entrega de arras), toda la comunidad puede entonar un himno o canto de alabanza (RM 210). El Ritual ofrece varias musicalizaciones del siguiente texto: “Cantemos al Señor, que ha creado y bendecido vuestro amor”.

6.    Oración de los fieles: se ora por los nuevos esposos, por los matrimonios y las familias. La oración se concluye con el Padrenuestro (si no hay distribución de la sagrada Comunión).

7.    Bendición nupcial: el ministro dice sobre los esposos la oración de bendición. El RM presenta la musicalización de esta bendición, clara invitación a que se cante (Cf. CMC 187 y 188).

 

D.   Sagrada Comunión (opcional). Si se celebra el rito de Comunión, se puede entonar, según la oportunidad, un canto adecuado (RM 220). El RM presenta un canto de Comunión con varias musicalizaciones (RM 538-541).

 

E.   Conclusión de la celebración

 

1.    Bendición final

a.    Después de esta bendición, ya ha finalizado la celebración litúrgica, pero eso no quita que se mantenga el debido decoro en el templo. Sería bueno reflexionar hasta qué punto es oportuno utilizar canciones populares-románticas instrumental o vocalmente mientras se firmas los documentos del Registro Demográfico y mientras se toman las fotos. Pienso que el templo no es el lugar apropiado para este tipo de cánticos. Igualmente la marcha nupcial de salida[6] podría sustituirse por un cántico de salida apropiado o por música instrumental, como en la entrada.



[1] La más conocida y usada para la entrada de los novios es la Marcha Nupcial de Feliz Mendelssohn, incluida en su ópera El sueño de una noche de verano.
[2] Las bodas ofrecen en la práctica serias dificultades a la hora de planificar o escoger los elementos musicales que, ayudando a la participación plena, consciente y activa de los asistentes y potenciando la oración, enriquezcan con la debida solemnidad los sagrados ritos, dentro de la cordialidad cristiana. Con unos criterios bien definidos, basados en el debido juicio litúrgico, musical y pastoral, con un talante paciente, positivo y abierto, en vez de insistir tozudamente contra las famosas y mal llamadas “marchas nupciales”, tan disonantes del rito sagrado, se han de sustituir ventajosamente con unos canos de entrada que cumplan su misión funcional. Es cuestión de orientar a los contrayentes, ya desde los primeros encuentros en la preparación de la boda. Y tener ya acostumbrada a la asamblea a que no ha de primar la preocupación musical sobre la celebrativa (CMC 188).
[3] Dice el novio: “Yo, (Fulano), te recibo a ti, (Fulana), como esposa, y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad…”. Luego la novia dice su parte.
[4] Novio: “(Fualana), ¿quieres ser mi mujer?”
  Novia: “Si quiero. (Fulano), ¿quieres ser mi marido?”
  Novio: “Sí quiero. (Fualana), yo te recibo como esposa y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.”
  Novia: “(Fualano), yo te recibo como esposo y prometo amarte fielmente durante toda mi vida.”
 
[5] Ministro: “(Fulano): ¿Quieres recibir a (Fulana), como esposa, y promotes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad…?”
  Novio: “Sí, quiero”.
Luego el ministro le pregunta lo mismo a la novia.
[6] Es tradicional la Marcha nupcial de Richard Wagner, parte de su ópera Lohengrin

jueves, 10 de abril de 2014

ALGUNOS PUNTOS SOBRE EL TRIDUO PASCUAL

El centro de toda la vida de la Iglesia en la obra salvadora de nuestro Redentor, su Pasión, Muerte y Resurrección. Ese acontecimiento pascual se conmemora en la liturgia de la Iglesia de manera muy  solemne en el Triduo Pascual, los tres días (de ahí lo de triduo) más importantes del año litúrgico. El  Triduo comienza en la tarde del Jueves Santo hasta la tarde del Domingo de Resurrección.

 
Jueves Santo: Con la Misa vespertina del Jueves Santo (Missa in coena Dómini) comienza el Triduo Pascual,  conmemorando la institución de la Eucaristía, del Sacerdocio y del mandamiento nuevo. En esta Misa se hace el lavatorio de los pies, conmemorando ese gesto de Cristo para con sus apóstoles.  En esa Misa se consagran las hostias que se distribuirán en la celebración del día siguiente. El Cuerpo de Cristo se reserva en una capilla que tiene ese único fin: conservar el Cuerpo de Cristo para el día siguiente. Antiguamente se recordaba en esas horas a Cristo en el sepulcro, por lo que se le llamaba “sepulcro” o “monumento” al sagrario. Actualmente, atendiendo a la función del sagrario en ese momento, el nombre más correcto es el de lugar de la reserva (Cf. Directorio  sobre la piedad popular y la liturgia 141;  Carta sobre las fiestas pascuales, 55).

 
Viernes Santo: se conmemora la muerte de Cristo. No se celebra la Eucaristía, sino una liturgia  especial llamada “Celebración de la Pasión del Señor”, celebracièn que consta de tres partes, a saber: la liturgia de la Palabra, la adoración a la Cruz y el rito de Comunión.

 
Sábado Santo: Durante el Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y esperando, en la oración y el ayuno, su resurrección (Carta sobre las fiestas pascuales 73). Pueden ser expuestas en la iglesia...la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, o descendiendo a los infiernos, ya que ilustran el Sábado Santo (Ib 74). Antiguamente a este sábado se le llamaba “Sábado de Gloria”, pues las festividades pascuales se adelantaban a la mañana de este día. Desde la reforma del Papa Pío XII (1955), la celebración de la resurrección del Señor se celebra en la noche que va desde el sábado hasta el Domingo de Pascua. Por lo tanto, el término “sábado de gloria” está completamente   obsoleto desde antes del Vaticano II (1963-65). Hay que distinguir entre el Sábado Santo en sí, en donde esperamos la resurrección contemplando a Cristo muerto y descendiendo a los infiernos, y la Vigilia Pascual, en donde iniciamos la gran fiesta de Cristo resucitado. La Vigilia Pascual no se celebra el Sábado Santo (pues no es parte del Sábado Santo en sí), sino en la Víspera del Domingo de Resurrección.

 
Domingo de Resurrección: Con la Vigilia Pascual comenzamos la celebración de la resurrección del Señor. Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo (CCFP 78). Celebramos la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte y finalizamos el Triduo Pascual (en la tarde). Para la Misa de Pascua se recomienda el rito de la aspersión con el agua bendecida en la Vigilia Pascual (Cf. CCFP 97). Se canta la secuencia “Victimæ paschali laudes” antes del  Evangelio. Se trata del “domingo de los domingos”, el domingo más importante del año, el que da sentido a los demás domingos. Con el rezo de las II Vísperas de Pascua finaliza el Triduo Pascual.

 

 

 

miércoles, 19 de febrero de 2014

VATICANO II Y LA MUSICA LITURGICA: LO QUE PIDE (9no. artículo)


“LA MUSICA DE LOS DISTINTOS PUEBLOS EN LA LITURGIA”

 

(Noveno de una serie de artículos conmemorativos del 50mo. aniversario de la Sacrosanctum Concilium –SC-)

 

 

     Uno de los puntos en donde más citamos de manera genérica al Vaticano II es en lo tocante a la música de los distintos pueblos en las celebraciones. SC 119 dice al respecto: Como en ciertas regiones, principalmente en las misiones, hay pueblos con tradición musical propia que tiene mucha importancia en su vida religiosa y social, dese a esta música la debida estima y el lugar correspondiente no sólo al formar su sentido religioso, sino también al acomodar el culto a su idiosincrasia. En la formación musical de los misioneros procúrese cuidadosamente que, dentro de lo posible, puedan promover la música tradicional de su pueblo, tanto en las escuelas como en las acciones sagradas. No podemos negar que la música litúrgica con aires autóctonos nos identifica como pueblo y puede ser una vía para vivir mejor los misterios de nuestra fe. Hay que recordar que la Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado o supersticiones y errores, y aun a veces lo acepta en la misma liturgia, con tal que se puede armonizar con su verdadero y auténtico espíritu (SC 37).

     San Pío X afirmó en su Motu Proprio Tra le sollecitudini 2 (TLS) sobre la música sagrada que la misma  debe ser universal, en el sentido de que, aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, éste debe estar de tal modo subordinado a los caracteres generales de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena. San Pío X da un criterio básico: no se trata de entonar cánticos folklóricos por cantarlos, sino que esta música debe tener las demás características de la música sagrada -además de la universalidad-, características que el mismo Papa presenta en TLS: la santidad y la belleza. El Beato Juan Pablo II dijo en su Quirógrafo 6-7: Conviene destacar que el canto y la música requeridos por la reforma litúrgica deben responder también a exigencias legítimas de adaptación e inculturación. Sin embargo, es evidente que toda innovación en esta delicada materia debe respetar criterios peculiares, como la búsqueda de expresiones musicales que respondan a la implicación necesaria de toda la asamblea en la celebración y eviten, al mismo tiempo, cualquier concesión a la ligereza y a la superficialidad. La música con aires autóctonos implica a la asamblea en la liturgia, el que el pueblo participe de los cantos (como dijimos en el 5to. artículo de esta serie), pero esta música no debe regirse por la simple autoctonicidad: debe evitar la  concesión a la ligereza y a la superficialidad. Ante la falta de formación musical y litúrgica, es muy fácil caer en estas concesiones.

     Hace falta tener música litúrgica según el carácter de los distintos pueblos. Para ello hay que capacitar y estimular compositores que puedan aportar música con rasgos inculturados y con conciencia litúrgica adecuada (Directorio Litúrgico “La Eucaristía” 127). Para ello –insisto- hace falta que los compositores litúrgicos estén debidamente formados en materia musical y litúrgica, que estén imbuidos de un auténtico espíritu litúrgico y que conozcan bien la música de su país, para poder discernir debidamente a la hora de seleccionar esas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música (TLS 2). Como dijo el Beato Juan Pablo II: Sólo un artista profundamente imbuido del “sensus Ecclesiæ” puede intentar percibir y traducir en melodía la verdad del misterio que se celebra en la liturgia (Quirógrafo 12). El gran reto consiste en componer música sagrada, dotadas de:

1. Santidad: Que excluya lo profano en las melodías y en su interpretación; que esté vinculada a la acción litúrgica en cuestión; que posea sentido de oración, llevándonos al misterio; que el texto parta preferiblemente de las Sagradas Escrituras, oraciones litúrgicas o textos de los santos.

2. belleza: Que sea arte verdadero; que la música sea bien interpretada por todos; que haya consonancia entre  música y liturgia y entre música y texto.
3. Universalidad: Que, aun teniendo la música caracgterísticas propias de nuestro pueblo, ningún extranjero se sienta incómodo al escucharla; que se abra a la inculturación, pero sin caer en la ligereza o la superficialidad.
     Otra vez cito al Beato Juan Pablo II:, quien a su vez citó a San Pïo X: Con respecto a las composiciones musicales litúrgicas, hago mía la "ley general", que San Pío X formulaba en estos términos: "Una composición religiosa será tanto más sagrada y litúrgica cuanto más se acerque al aire, inspiración y sabor de la melodía gregoriana, y será tanto menos digna del templo cuanto más diste de este modelo soberano (Ib). Las composiciones litúrgicas con aires folklóricos deben poseer las características propias de la música sagrada, cosa que requiere gran formación litúrgica y musical, tanto en el plano de la música sagrada tradicional de la Iglesia como de la música propia de los distintos pueblos.
    Igualmente la interpretación juega un papel importante. Hay que recordar que la liturgia no es un concierto, una presentación musical (artistas en tarima con su "público"). La música litúrgica no se debe regir por el modelo de la música secular. La manera de cantar o tocar los ntrumentos musicales debe caracterizarse por la sencillez, en función del misterio celebrado; que el texto revestodo de música sea lo principal, abonando a la solemnidad litúrgica. Sobre este punto escribiré un futuro artículo.
    

    

 

martes, 29 de octubre de 2013

VATICANO II Y LA MUSICA LITURGICA: LO QUE PIDE (8va. parte)


“EL CANTO RELIGIOSO POPULAR”

 

(Octavo de una serie de artículos conmemorativos del 50mo. aniversario de la Sacrosanctum Concilium –SC-)


     Continuamos con esta serie de artículos conmemorativos del 50mo. aniversario de la Sacrosantum Concilium (SC). Nos dice el 118 de esta constitución: Foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones litúrgicas, de acuerdo con las normas y prescripciones de las rúbricas, resuenen las voces de los fieles.

     El papa Pío Xll no la consideraba música litúrgica, sino íntimamente relacionada con la misma por haber nacido de ella, aunque la admitía en la liturgia circunstancialmente, como él mismo nos dice: Además de esta música, la más íntimamente relacionada con la sagrada Liturgia de la Iglesia, existen (…) los cánticos religiosos populares, escritos de ordinario en lengua vulgar. Aunque nacidos del mismo canto litúrgico, al adaptarse más a la mentalidad y a los sentimientos de cada pueblo, se diferencian no poco unos de otros, según la índole diversa de los pueblos y las regiones. Para que estos cánticos produzcan fruto y provecho espiritual en el pueblo cristiano es necesario que se ajusten plenamente a la doctrina de la fe cristiana, que la presenten y expliquen en forma precisa, que utilicen una lengua fácil y una música sencilla, que eviten la ampulosa y vana prolijidad en las palabras y, por último, aun siendo cortos y fáciles, que se impronten en una cierta dignidad y una cierta gravedad religiosa. Cánticos sagrados de este tipo, nacidos de lo más íntimo del alma popular, mueven intensamente los sentimientos del alma y excitan los efectos piadosos, y, al ser cantados en los actos religiosos por todo el pueblo como con una sola voz, levantan con grande eficacia las almas de los fieles a las cosas del cielo. Por eso, aunque hemos escrito antes que no se deben emplear durante las misas cantadas solemnes sin permiso especial de la Santa Sede, con todo en las misas rezadas pueden ayudar mucho a que los fieles no asistan al santo sacrificio como espectadores mudos e inactivos, sino que acompañen la sagrada acción con su espíritu y con su voz y unan su piedad a las oraciones del sacerdote, con tal que esos cánticos se adapten bien a las diversas partes de la misa, como con grande gozo sabemos que se hace ya en muchas regiones del orbe católico (Músicæ Sacræ Disciplina –MSD- 18) .

     El canto religioso popular podía cantarse sólo en las misas rezadas, no en las cantadas, categorías desaparecidas en la forma ordinaria del rito romano. Su uso principal de daba en los actos piadosos no litúrgicos (rosarios, “via crucis”, misiones, etc.). La SC 118 promueve este canto no sólo en los actos piadosos, sino en la liturgia misma. De hecho, Músicam Sacram (MS) la incluye como uno de los géneros de música sagrada: Con el nombre de música sagrada se designa aquí: el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna, en sus distintos géneros, la música sagrada para órgano y para otros instrumentos admitidos, y el canto sagrado popular, litúrgico y religioso (MS 4b). El canto religioso popular debe contener de manera sencilla la doctrina de la Iglesia y, para que sea idóneo para la liturgia, debe responder al espíritu de la misma, según nos dice MS 9: La Iglesia no rechaza en las acciones litúrgicas ningún género de música sagrada, con tal que responda al espíritu de la misma acción litúrgica y a la naturaleza de cada una de sus partes  y no impida la debida participación activa del pueblo.      

     Una de las razones principales por la que la SC 118 promueve el canto religioso popular es la participación de la asamblea en las acciones litúrgicas. Por tratarse de cánticos sencillos y accesibles, al pueblo le resulta fácil la plena participación a través de canto. Pero no se trata sólo de la participación: es fundamental que ese canto exprese eficazmente nuestra fe. Muchos son los cánticos religiosos que cantamos en nuestras comunidades cuyo texto es liviano y vacío. Quizás son cánticos alegres y movidos, pero que no expresan la fe católica en su integridad, fomentando concepciones religiosas no cónsonas con nuestra fe. Cánticos que presentan a la Virgen María o al Espíritu Santo sin profundidad ni seriedad. ¡Y los cantamos en nuestras Misas parroquiales! Quizás no hayamos leído algún tratado teológico sobre X o Y tema de teología, pero un buen cántico sencillo y rico en contenido, con un texto revestido de una melodía fácil y “pegajosa” es capaz de catequizar e inculcar la doctrina cristiana mejor que cualquier predicador o catequista. Los cantos religiosos, llenos de espíritu litúrgico, contribuyen a la participación del pueblo en las celebraciones litúrgicas, mientras sirve de complemento catequético al comunicar la fe católica tanto en su texto como en su música. Sencillez y profundidad no se contraponen: el buen compositor litúrgico -conocedor de música, liturgia y teología- debe saber sintetizar métrica definida, doctrina cierta y clara -a la luz del Magisterio de la Iglesia- melodía accesible para la asamblea, etc. Gran reto para los compositores litúrgicos y para los responsables de la música litúrgica en nuestras comunidades.

 

 

 

 

 

jueves, 8 de agosto de 2013

VATICANO II Y LA MUSICA LITURGICA: LO QUE PIDE (7ma. parte)


“LA POLIFONIA”

(Séptimo de una serie de artículos conmemorativos del 50mo. aniversario de la Sacrosanctum Concilium –SC-)
 

     Sin negar la primacía que la Iglesia da al del canto gregoriano, la misma no cierra las puertas a otros géneros de música sagrada, teniendo presente un criterio clave: el respeto al espíritu de la acción litúrgica, como dirá SC 116. El hecho de que el canto gregoriano presente las cualidades del verdadero canto litúrgico (santidad, belleza y universalidad) no significa que otros géneros musicales no puedan hacerlo.

     De ninguna manera han de excluirse en la celebración de los oficios divinos otros géneros de música sacra en particular la polifonía, con tal que respondan al espíritu de la acción litúrgica (SC 116). Este número recalca la polifonía (canto a más de una voz) como un género de música sacra. Músicam sacram (MS) 4 la presenta con mayor especificación: la polifonía sagrada antigua y moderna, en sus distintos géneros. Es interesante constatar que el papa Juan XXII, en la primera mitad del siglo XIV, ante la proliferación de los motetes que jugaban con varios textos y varias melodías a la vez, desaprobó la polifonía, promoviendo la simplicidad monofónica y modal del canto llano. La polifonía encontró dificultades por la tendencia a maximizar el contrapunto y minimizar el texto y su entendimiento. Experimentados polifonistas, como Palestrina y Orlando Di Lasso en el siglo XVI, cultivarán el arte del contrapunto enfatizando la inteligibilidad textual. San Pío X afirmó que: La polifonía clásica se acerca bastante al canto gregoriano, supremo modelo de toda música sagrada, y por esta razón mereció ser admitida, junto con aquel canto, en las funciones más solemnes de la Iglesia, como son las que se celebran en la capilla pontificia. Por consiguiente, también esta música deberá restablecerse copiosamente en las solemnidades religiosas, especialmente en las basílicas más insignes, en las iglesias catedrales y en las de los seminarios e institutos eclesiásticos, donde no suelen faltar los medios necesarios (Tra le sollecitudini 4). El papa Pío XII, en su instrucción Músicæ sacræ disciplina 16, afirmó que se vigile con toda prudencia y cuidado, para que no se lleven al templo cantos polifónicos tales que, por cierta especie de modulación exuberante e hinchada, se oscurezcan con su exceso las palabras sagradas de la liturgia, o interrumpan la acción del rito divino, o sobrepasen, en fin, no sin desdoro del culto sagrado, la pericia y práctica de los cantores.

     El cultivo de la polifonía va de la mano con la música coral. Compositores como los ya mencionados han promovido por siglos la música coral polifónica al componer hermosas piezas que hoy son parte de ese grandioso patrimonio musical que tanto ha ennoblecido a la cristiandad como a la humanidad. Como veíamos en el quinto artículo de esta serie –sobre la participación de los fieles en el canto- la Iglesia no rechaza en las acciones litúrgicas ningún género de música sagrada, con tal que responda al espíritu de la misma acción litúrgica y a la naturaleza de cada una de sus partes  y no impida la debida participación activa del pueblo (MS 9). Ampliando este punto, MS 16c afirma que algunos cantos del pueblo, sobre todo si los fieles no están aún suficientemente instruidos o si se emplean composiciones musicales a varias voces, podrán confiarse sólo al coro, con tal que no se excluya al pueblo de las otras partes que le corresponden. Pero no se puede aprobar la práctica de confiar sólo al grupo de cantores el canto de todo el Propio y de todo el Ordinario, excluyendo totalmente al pueblo de la participación cantada. El canto coral-polifónico tiende a excluir al pueblo: gran reto para los compositores litúrgicos es el componer música coral en donde el pueblo no sea excluido, sino que intervenga en algunas partes, por ejemplo: que el pueblo cante el estribillo a una voz -sostenido por la masa coral de manera monofónica- y que el coro cante las estrofas a voces.

     En Puerto Rico y en otros países lamentablemente no tenemos una fuerte tradición coral enmarcada en la Iglesia católica. Este tipo de agrupación requiere que, al menos, el director tenga un mínimo de preparación musical formal (teoría, solfeo, piano, dirección coral, etc.), cosa poco común en nuestras parroquias. Nuestros mal llamados “ministerios de música” (pues no se “es” ministerio, sino “ministro”: el ministerio se ejerce) cuentan con personas muy talentosas que, “de oído”, cantan a 2 ó 3 voces con armonía tonal, promoviendo una polifonía homofónica y paralela, embelleciendo no pocas veces los cánticos litúrgicos y, por ende, la liturgia misma, aunque muchas veces se tiende a opacar al pueblo, tema ya tratado. Este tipo de “polifonía popular” debe ser respetado y encausado debidamente, para evitar los cásicos “errores” de armonía, producto de los movimientos paralelos tan contrarios al espíritu del contrapunto barroco y que deslucen nuestros cánticos.

     Sería laudable el impulsar la música coral polifónica a 3 ó 4 voces (SATB) sin excluir al pueblo, sin que esto signifique que el coro no pueda cantar solo de vez en cuando, siguiendo el criterio de MS 16c. Para ello hacen falta personas formadas en el campo de la dirección coral y buenos compositores que, componiendo música polifónica, sepan incluir a la asamblea litúrgica.  

martes, 18 de junio de 2013

VATICANO II Y LA MUSICA LITURGICA: LO QUE PIDE (6ta. parte)

“EL CANTO GREGORIANO”


(Sexto de una serie de artículos conmemorativos del 50mo. aniversario de la Sacrosanctum Concilium –SC-)

     Continúo con esta serie de artículos conmemorativos del 50mo. aniversario de la Sacrosanctum Concilium (SC). El presente escrito es como una ampliación del artículo La vigencia del canto gregoriano publicado en este blog (el 3 de febrero de 2013). Como este tema está presente en la SC me animé a incluirlo en esta serie.
     La SC 116 nos dice: La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas. Contrario al sentir y pensar de muchos, Vaticano II nos presenta el canto gregoriano como uno no solamente en vigencia, sino como el canto propio del rito latino y el que debe ocupar no un lugar cualquiera, sino el primer lugar en las acciones litúrgicas. Ya San Pío X había hablado del canto gregoriano como el canto propio de la liturgia romana… el que en algunas partes de la liturgia prescribe exclusivamente (Tra le Sollecitudini –TLS- 3). Igualmente dijo que el antiguo canto gregoriano tradicional deberá restablecerse ampliamente en las solemnidades del culto; teniéndose por bien sabido que ninguna función religiosa perderá nada de su solemnidad aunque no se cante en ella otra música que la gregoriana (Ib). A la vez animó a que el pueblo vuelva a adquirir la costumbre de usar del canto gregoriano, para que los fieles tomen de nuevo parte más activa en el oficio litúrgico (Ib).

     Fue San Pío X quien afirmo que una composición religiosa será más sagrada y litúrgica cuanto más se acerque en aire, inspiración y sabor a la melodía gregoriana, y será tanto menos digna del templo cuanto diste más de este modelo soberano (Ib). Esta expresión de San Pío X la asumió el Beato Juan Pablo II, quien la explica diciendo: Evidentemente, no se trata de copiar el canto gregoriano, sino más bien de hacer que las nuevas composiciones estén impregnadas del mismo espíritu que suscitó y modeló sucesivamente ese canto. Sólo un artista profundamente imbuido del “sensus Ecclesiæ” puede intentar percibir y traducir en melodía la verdad del misterio que se celebra en la liturgia (Quirógrafo 12). ¡El “sensus Ecclesiæ”, el sentido de Iglesia! ¿Qué tan experto debe ser un compositor litúrgico en canto gregoriano para poder componer según este “modelo soberano”? ¿Qué tan imbuido debe estar un compositor de música litúrgica en la liturgia para poder componer según el sentir de la Iglesia”?

     El papa Pío XII, en su instrucción Músicæ Sacræ Disciplina (MSD) 12  y 13 comenta las tres características de la música sagrada presentadas por su predecesor San Pío X (Cf. TLS 2): santidad, belleza (bondad de formas o arte verdadero) y universalidad[1]. Pío XII afirma que el canto gregoriano se ajusta a la santidad que debe tener la música sagrada, porque,  por la íntima conexión entre las palabras del texto sagrado y sus correspondientes melodías, este canto sagrado no tan sólo se ajusta perfectísimamente a aquellas, sino que interpreta también su fuerza y eficacia a la par que destila dulce suavidad en el espíritu de los oyentes, lográndolo por "medios musicales" ciertamente llanos y sencillos, más de inspiración artística tan santa y tan sublime que en todos excita sincera admiración; y constituye, además, una fuente inagotable de donde artistas y compositores de música sagrada sacan luego nuevas armonías… (MSD 12). Igualmente se ajusta a la belleza y a la universalidad que debe ornar la música litúrgica (Cf. MSD 13). Por todo esto Pío XII pidió que en la celebración de los ritos litúrgicos se haga amplio uso de este canto sagrado; y que con suma diligencia se cuide de ejecutarlo exacta, digna y piadosamente (Ib 12).

     El Beato Juan Pablo II, en su Quirógrafo 7 afirmó sobre el canto gregoriano: Entre las expresiones musicales que responden mejor a las cualidades requeridas por la noción de música sagrada, especialmente de la litúrgica, ocupa un lugar particular el canto gregoriano. El concilio Vaticano II lo reconoce como "canto propio de la liturgia romana" al que es preciso reservar, en igualdad de condiciones, el primer puesto en las acciones litúrgicas con canto celebradas en lengua latina. San Pío X explicó que la Iglesia lo "heredó de los antiguos Padres", lo "ha conservado celosamente durante el curso de los siglos en sus códices litúrgicos" y lo "sigue proponiendo a los fieles" como suyo, considerándolo "como modelo acabado de música sagrada".  Por tanto, el canto gregoriano sigue siendo también hoy elemento de unidad en la liturgia romana.
 
 

     A pesar del pensamiento de estos papas, al canto gregoriano le ha ocurrido lo mismo que le ocurrió al latín. A pesar de que Vaticano II nunca proscribió el gregoriano (ni el latín), la malinterpretación de la SC capítulo VI nos llevó a afirmar que el gregoriano está obsoleto, ya no sirve, hay que reemplazarlo por música nueva y moderna. Como mencioné en el segundo artículo de esta serie, pensamos que lo pasado-viejo es malo, y que lo moderno-nuevo es bueno. Hemos caído en la trampa de pensar que el canto gregoriano, el que debe tener el primer lugar en las acciones litúrgicas, no “puede” cantarse. “Es muy difícil”, “no es movido”, “no es alegre”, “nos duerme”… En Puerto Rico – y en muchísimos países- hemos abandonado el canto gregoriano y estas expresiones son sólo algunas de las opiniones que muchos tienen sobre el canto propio de la liturgia romana. No podemos opinar objetivamente sobre un tipo de música al que no hemos estado expuestos con seriedad. ¿Cuántos cantos gregorianos hemos escuchado? ¿Cuántos conocemos?

     Este servidor tuvo una hermosa experiencia musical y litúrgica en junio del 1995, mes en que estuve en la Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos, en Burgos, España. Estuve desde el 1 hasta el 30 de junio. Este monasterio ha procurado conservar y cultivar con sumo cuidado el tesoro de la música sacra (SC 114), específicamente el gran tesoro gregoriano. Lo cantan en todas las celebraciones litúrgicas. Recuerdo que estuve para Pentecostés: me impresionó el no escuchar los cánticos “de avivamiento”, sino sólo canto gregoriano. ¡Y el Espíritu Santo estaba presente en aquella celebración (como siempre lo está en la liturgia)! Aquella experiencia fue una oportunidad única de inmersión gregoriana, de escuchar, cantar y apreciar este tipo de música en el contexto para la cual fue hecha: el contexto litúrgico. Descubrí el gran tesoro que tenemos y desconocemos por la malinterpretación del Capítulo VI de la SC. Descubrí la grandeza artística encerrada en la simplicidad monofónica de este canto.

     La Iglesia no ha desechado el canto gregoriano, al contrario: lo ha ensalzado y lo ha colocado en el primer lugar. El número 117 de la SC pide que se complete la edición típica de los libros de canto gregoriano y que se prepare una edición que contenga modos más sencillos, para uso de las iglesias menores. ¡El canto gregoriano existe, y existe para cantarse! El Iubilate Deo, la edición que contiene los cánticos gregorianos sencillos del cual hablaba SC 117, presenta diversas misas sencillísimas y bastantes cánticos variados y sencillos que muy bien podrían tenerse en cuenta. ¡Por algo hay que empezar! Ciertamente estos cánticos están en latín (ya de ese tema hablé en el primer artículo de esta serie), pero una traducción al vernáculo nos ayuda a entender lo que estamos cantando, para así facilitar la oración cantada. El Tantum ergo en la exposición del Santísimo, la Salve Regina en una celebración mariana, un Kyrie eleison o un Aleluya en la Misa son posibilidades reales para nuestras celebraciones litúrgicas. Sin despreciar los demás géneros de música sagrada (tema que expondré en el próximo artículo de esta serie), debemos hacer un esfuerzo eclesial por convertir el canto propio de la liturgia romana en uno que no nos resulte extraño, difícil, anticuado u obsoleto, sino en un tipo de canto que facilite la conexión con la liturgia celeste, la que anticipamos y a la que nos unimos desde esta tierra. Es muy difícil que el canto gregoriano ocupe el primer lugar en las acciones litúrgicas de nuestras comunidades parroquiales, pero estoy convencido de que puede ocupar un buen sitial si animamos a nuestros coros a aprender cánticos sencillos como los ya citados, perdiéndole el miedo y la apatía a este tesoro milenario, base de la música occidental, que la Iglesia nos propone (aún en la actualidad) como modelo acabado de música sagrada (TLS 3).

 

 

 



[1] Cf. En este blog presento 3 artículos sobre cada característica, titulados: Características de la música litúrgica (…la santidad, la belleza, la universalidad).